Afganistán e Irak

Un grupo de talibanes en el distrito Shinlad, en la provincia afgana de Herat

La guerra de Afganistán ha durado (hasta ahora) tanto como la guerra de Secesión norteamericana, la guerra contra España donde este último país perdió Cuba, la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea juntas. El conflicto ha costado ya un billón de dólares. Y se han contabilizado más de 2.400 militares estadounidenses y miles de ciudadanos afganos muertos. El Pentágono ha ordenado lanzar más bombas sobre aquel país que en cualquiera de las guerras anteriores.

Tan largo está siendo el conflicto que quizá ya ha llegado el día en que uno de los soldados que regresen a casa en un ataúd de pino no hubiera nacido cuando se derrumbaron las Torres Gemelas hace 18 años.

La decisión de la Administración Trump de evacuar el grueso de las tropas de Afganistán, está creando cada vez más caos con el potencial peligro de que estos territorios terminen siendo nuevamente campos de entrenamiento de terroristas. En Afganistán durante 2018 murieron más de 40.000 combatientes y civiles. Los Talibanes controlan ya la mitad del territorio afgano, cortan rutas esenciales y asedian varias ciudades. Los esfuerzos de negociación que realizaron en los últimos meses tanto funcionarios estadounidenses como paquistaníes y de la ONU por ahora no están teniendo un resultado concreto. En Irak, la zona de autonomía kurda comienza a ser volátil tras la retirada de las tropas estadounidenses que la apoyaban, tanto allí como en Siria. El ISIS aún tiene bajo su control algunas comunidades remotas y parcelas del desierto en ambos países mientras aumenta su presencia tanto en Afganistán como en Libia.

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